Michel Rolland en Mendoza: “Todos los vinos que se hacen en Argentina son de alta gama”

El enólogo francés Michel Rolland estuvo en Mendoza el fin de semana, tras presentar en Buenos Aires el vino Clos de los Siete Cosecha 2014, el cual realiza junto con sus socios del emprendimiento enoturístico que lleva el mismo nombre y está ubicado en Tunuyán (Valle de Uco).

Una vez en Mendoza, los siete socios de ese grupo, que son dueños de las bodegas Monteviejo, Cuvelier los Andes, Flecha de Los Andes, Rolland y Diamandes, se reunieron y sentaron las bases para lo que será el 2017.

Rolland, este “winemaker” de 68 años, recorre el mundo desde hace 40, aprendiendo sobre la tierra y asesorando a las bodegas con las viñas más prestigiosas del mundo.

Famoso por haber convertido su nombre en una marca mundial y haber llegado a catar 400 vinos en un solo día, el francés visitó el país por primera vez hace 28 años y nunca dejó de volver.

Tanto se enamoró de las uvas del Valle de Uco, que en 1998 convenció a seis franceses de que invirtieran con él para instalar allí un grupo de bodegas que compartieran la misma filosofía.

Así nació Clos de los Siete y, más precisamente, su propia bodega, que se llama Rolland e inauguró en 2010, tras una década de trabajo en esos viñedos.

En su más reciente viaje de trabajo al país, Rolland también disfrutó de los placeres de la vida. Así, el sábado último, en horas de la siesta, presenció un recital que brindó en bodega Monteviejo el trompetista porteño Gillespi y en el que estuvo acompañado por el guitarrista Rano Sarbach y el enólogo de Monteviejo, Marcelo Pelleriti, quien también toca la guitarra.

Con los viñedos de Vista Flores como marco, Michel Rolland habló del presente de la industria vitivinícola en Argentina y el mundo.

–¿Qué motivó esta visita a la Argentina?

–Estuvimos en Buenos Aires, presentando el vino 2014 de Clos de los Siete, porque está por salir al mercado. Cada dos años, hacemos una presentación en Buenos Aires porque es el corazón del mercado y donde tenemos la mayor cantidad de consumidores. Luego, los socios vinimos a Mendoza y tuvimos una reunión del grupo para hablar de todo lo que hay que hablar en una sociedad. Siempre terminamos hablando de dinero, porque un emprendimiento como Clos cuesta mucha plata, entonces tenemos que ver por qué gastamos, cuánto gastamos y en qué gastamos. ¡Nos hemos pasado como cuatro horas en eso!

–Tras un año de cambios políticos y crisis económica en Argentina, ¿qué desafío le espera para 2017, al grupo Clos de los Siete?

–¡El desafío es la Argentina misma! (risas).

–La cosecha 2016 en Argentina estuvo muy influenciada por el cambio climático, ¿presenta un desafío eso para los vinos que hacen ustedes?

–De alguna manera, sí. El cambio climático ha influido, pero hay que bajar esa idea de que nos está afectando ya mismo, hoy en día. A futuro, lo hará seguramente. El clima ha cambiado, eso es cierto. Tenemos un poco más de lluvia, un poco más de frío o de calor. El clima se está poniendo un poco extremo, pero todavía no ha cambiado del todo nuestra vida en el viñedo o nuestro comportamiento como dueños de viñedos. Lo más importante para el año que viene, es el posicionamiento de los vinos que estamos haciendo, en un mercado mundial muy competitivo y que es cada vez más competitivo. Estamos compitiendo con vinos de todo el mundo y eso es un desafío enorme.

–Sin embargo, uno pensaría que por llevar el nombre de Michel Rolland, sus vinos se venden solos…

–Un nombre y una marca pueden ayudar, pero no son suficientes. Imaginemos que mañana, Ferrari me contrata para correr carreras de Fórmula Uno, pero no va a ser suficiente que me den una Ferrari para ganar. Esto es un trabajo en equipo y todos tenemos que ayudar a lograr los objetivos. En ese sentido, el nombre Rolland hace una parte, la calidad de los vinos, otra y el trabajo de todos en Clos de los Siete, otra. Además, al igual que pasa en el mundo de la política, los demás (la competencia), te castigan por haber sido el primero. Por ejemplo, suelen decir que Clos de los Siete es una marca vieja, porque tiene 15 años, pero la competencia es así y hay que entenderla.

–¿Qué opina del rol que han tenido las redes sociales y las ferias para acercar a los jóvenes al vino?

–Han tenido un gran rol, sin duda, pero la calidad del vino ha sido lo más importante. Llegué a la Argentina hace 28 años y en esa época, ya había una tradición cultural de consumo de vino con un gusto muy argentino, que no es que quiera criticarlo, pero no era mi gusto. Eran vinos livianos, con poco color. Que hoy los jóvenes se muevan hacia el vino, incluso si se trata de un vino más moderno, con un gusto más internacional, se debe a que la industria argentina no se quedó quieta y hubo un progreso enorme en los niveles de calidad. De no haber sido así, sus vinos nunca hubieran conocido el éxito. Hoy, todos los vinos que se hacen en Argentina son de alta gama, con lo cual no me refiero a aquellos que valen $1500 o $2000, sino a todos los vinos. Incluso, los que están por debajo de esa escala, se dejan tomar. Lo digo porque, hace 30 años, cuando vine por primera vez, no se podían tomar tanto. Era muy difícil.

–¿Qué opina de los vinos que se hacen para determinados nichos de mercado?

–Eso es pura tontería de moda y “la mode se démode” (que en español quiere decir: la moda se pasa de moda). Aquellos que buscan hacer vinos que se vendan bien ahora, están equivocados, porque siempre van a existir los buenos vinos y esos son los que prevalecerán. No creo que la Romanée-Conti vaya a preguntarse si tiene que hacer, no sé, el vino más afrutado, o que Pétrus, vaya a preguntarse eso mismo. Los vinos buenos son referencia y siempre lo serán. Lo que algunos argentinos, -no todos, eh- no entienden es que no hay que salir a buscar un golpe de efecto. No hay que hacer vinos para determinado nicho solo porque hay un tipo listo para comprarlo. Eso, a la larga, no funciona. Eso no hace a la historia. Dentro de un año o cinco años, ese negocio desaparece. Los vinos de calidad y buenos son más serios que eso: se trata de generar una imagen que se pueda repetir. Lo traduzco en otros términos: es como si hoy habláramos del Malbec en Argentina y mañana, alguno hiciera Ancellota. ¿Qué tiene que hacer la Ancellota en Argentina? Puede ser un golpe fuerte, pero no tiene nada que ver con la historia argentina y no va a ayudar a la imagen de los vinos argentinos. Es un problema que puede ser grave a la larga y con el que hay que tener cuidado.

–En el último Wine Rock, varios músicos se refirieron a usted como un “rockstar del vino”. ¿Cómo es su vínculo con el arte?

–¡Me hubiera encantado tocar la guitarra eléctrica! Cada vez que asociamos al vino a algo fantástico, como el rock o cualquier música de buen nivel, me parece una buena idea. Es algo que tiene que ver con la comunicación, lo cual está bien, pero no es que el rock vaya a hacer mejor al vino o que el vino vaya a hacer mejor al rock. Habiendo dicho esto, asociar buen rock y buen vino, me parece muy bien.

Fuente: www.diariouno.com.ar

Foto de portada: Gentileza Universo Celeste

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