Charlamos con los cuatro soñadores detrás de Alma 4

Se conocieron en el Liceo Agrícola, atravesaron innumerable cantidad de exámenes, recitales, asados,  fiestas y reuniones del Centro de Estudiantes. Al terminar la escuela, se les ocurrió hacer su propio espumante y salir a venderlo. Si bien esta historia parece sacada de una película, es real y es la historia de los cuatro amigos que crearon Alma 4, una línea de espumantes que crece año a año desde su nacimiento en 1999.

Mauricio, Agustín, Marcela y Sebastián, los hacedores detrás de esta línea de espumantes elaborados mediante segunda fermentación en botella, celebraron recientemente el final de un año más de trabajo, exploración y éxitos.

Fue en los jardines de Casa del Visitante, en Maipú, y allí, rodeados de amigos, familia y la gastronomía del chef Matías Aldasoro, dialogaron con Yo Invito sobre su particular historia, el presente de los espumantes en el país y lo que se viene para el futuro.

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Mauricio Castro, Marcela Manini, Agustín López y Seba Zuccardi (Gentileza Alma 4)


-Si bien su amistad nació en el Liceo Agrícola, ¿se acuerdan de cómo se conocieron?

Mauricio Castro: -Diría que fue en un asado o en un recital, que eran las actividades que más hacíamos por esa época. Agustín y yo somos un año más grandes que Marce y Seba, pero siempre estuvimos vinculados por una u otra cosa.

Marcela Manini: -Además, por esa época éramos parte del centro de estudiantes de la escuela y siempre se estaba organizando algo. La actividad era mucha y estábamos siempre juntos, organizando, yendo y viniendo. En cuanto al vino, sí me acuerdo que los cuatro coincidimos en el mismo taller extra curricular, que era un proyecto de elaboración de espumantes.

Agustín López: -Hacíamos actividades muy diversas y ahí mismo fue que entramos al mundo del vino: digamos que encontramos algo que nos gustó y motivó a los cuatro. Siempre hacíamos degustaciones en paralelo, ya nos gustaba no solo probar vinos sino aprender de su proceso.

-¿Cómo eran en esa época: alguno era más aplicado que el otro?

A.L.: -Estudiábamos juntos y éramos todos muy aplicados, pero “Muri” (Mauricio) es muy inteligente… El estudio le rendía más (risas).

-Que el número 4 esté en el título se entiende, pero ¿por qué le pusieron Alma 4?

M.M.: -Seguramente, el concepto del alma lo consideramos inconscientemente, pero el nombre fue motivo de muchísimas reuniones y listas. Ya no sabíamos qué más hacer para definirlo.

M.C.: -Una opción era cuatro con número, otra era cuatro almas. ¡Todavía tengo la lista en mi casa!

A.L.: -En ese momento, ya habíamos vendido una primera partida de espumante, pero no teníamos nombre y mucho menos etiqueta.¡Nada! Habíamos partido con las botellas rumbo a Buenos Aires, nos contactamos con algunos conocidos y amigos de Ana (Amitrano, que es mamá de Seba) y rápidamente vendimos nuestra primera partida, pero volvimos a Mendoza con la tarea de ponerle un nombre al proyecto. De alguna manera, eso pinta el inicio de Alma 4, que no tuvo nada que ver con un fin comercial.

M.M.: -Hicimos listas, todos propusimos nombres. El número cuatro siempre estuvo, pero el alma fue una palabra que apareció en su momento y que nunca borramos, siempre quedó. En ese momento, tuvo sentido, pero después, a lo largo de los años y de todas las etapas y lugares que atravesamos, nos siguió acompañando.

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-En tu caso, Seba: ¿qué significó en ese momento Alma 4?

-Fue el inicio. Yo me introduje en el mundo de los vinos con este proyecto. Me permitió tener una identidad propia. No entré a la bodega a competirle a nadie sino que entré con un proyecto personal, de amigos y a hacer algo que antes no se hacía en la bodega de mi familia. Fue lo que me permitió ser Sebastián de Alma 4 y no Sebastián “el hijo de”. Eso tiene un poder muy potente. Por otro lado, me permitió entender el vino de manera más integral y entender que todo empieza en el viñedo, pero debe terminar en el mercado. Me ha dado mucho… Quizás, mucho más de lo que yo le doy (risas).

-De aquella primera partida de 300 botellas a las 50.000 que producen ahora, ¿qué fue lo que más les ayudó a hacerse un camino en este rubro?

M.M.: -El espaldarazo estuvo al principio porque en ese viaje a Buenos Aires que hicimos para ofrecer el producto coincidimos en un bar con Marina Beltrame, la directora de la Escuela Argentina de Sommeliers, que recién abría. Cuando le contamos, ella se copó, quiso que fuéramos a dar una clase de espumantes a la escuela y fuimos. El barman de ese bar era Algo Graziani (ahora dueño del restó Aldo´s), que luego se convirtió en un referente.

A.L.: -Fue un momento en el que estaba naciendo la escuela de sommeliers, los conocimos a ellos y se dio algo muy particular también cuando nos tocó dar esa clase. Era nuestra primera experiencia de tener que dar una charla frente a un auditorio y explicar lo que hacíamos. Para los alumnos fue muy novedoso ver a cuatro chicos jóvenes que hablaban con tanta pasión de los espumantes. A partir de ese momento, nos hicimos amigos de varios de ellos, esa relación se afianzó con cada viaje a Buenos Aires y en todo lo que hicimos después. Alma 4 terminó teniendo que ver con mucha otra gente que colaboró con nosotros y al mismo tiempo fue generando el espacio para crear otras amistades.

-Sin buscarlo, se anticiparon muchísimo al boom de los espumantes que hubo después…

A.L.: -No fue consciente, pero de alguna manera fuimos testigos y protagonistas de ese proceso que empezó en aquel momento y que ha llevado a que hoy, por ejemplo, se haya hecho una feria de espumantes en Mendoza.

M.M.: -En ese momento, era algo impensando. Cuando empezamos con esto, la oferta era muy acotada: había pocas etiquetas y no eran tantas las bodegas que elaboraban espumantes. Hoy, cada bodega tiene el suyo propio.

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-La línea tiene cinco variedades, ¿piensan en agregar alguna otra?

M.M.: -La idea siempre fue elaborar variedades no tan tradicionales y apuntar a la innovación en la creación de espumantes. En ese camino, fuimos haciendo pruebas con otras variedades, pero de las cinco que hoy integran la línea, puedo decir que son las que realmente pueden expresar la idea en su totalidad. Viognier tiene su particularidad, el Pinot Rosé también. Las hemos elegido porque son las que mejor expresan esa unicidad de Alma 4. Ahora, nuestro camino es profundizar el concepto con más trabajo de viñedo, de elaboración y de calidad.

M.C.: -Es hasta que surja o nazca algo más. Mucha gente nos pregunta por qué no hemos intentando con Malbec y es porque no hemos tenido gana. Pero quizás viene Agustín y sugiere algo y de inmediato lo seguimos. Si estamos todos sonriendo, es porque nos interesa y le vamos a dar para adelante.

-¿Por qué alguien que no conoce la línea Alma 4 debería animarse a probarla?

A.L.: -De los cinco espumantes que hacemos, hay dos que tienen una propuesta claramente innovadora, que son Viognier y Bonarda, pero los otros tienen un perfil más clásico, más francés. Al hablar de nuestros espumantes, siempre hacemos hincapié en el método champenoise, respetando muchísimo los tiempos. Hay consumidores de espumantes a quienes les gustan mucho los espumantes franceses y encuentran en estas tres variedades más clásicas algo muy bueno y otra gente que se anima y por ahí el Bonarda o el Viognier los sorprenden.

M.C.: -No son espumantes comunes porque pasan muchos meses sobre borra, el más joven tiene 20 meses sobre borra. Son muy finos, muy elegantes, pero a la vez, muy fáciles de tomar. Eso es una virtud que tiene que tener el espumante. Así convencería yo a alguien de que tome Alma 4 (risas).

-Seba, ¿qué análisis hacés del presente de los espumantes en Argentina?

S.Z.: -Nunca hemos tenido tanta elaboración de espumantes  y eso es una oportunidad. Mientras más gente encare hacer espumantes con seriedad y trabajo en el viñedo, más oportunidades tendremos afuera. A pesar de que hay muchísimos proyectos, está casi todo por hacerse. Hay mucho por explorar en cuanto a regiones, tiempos de guarda. Nunca hubo un momento tan maravilloso para el espumante argentino como ahora.

*Mauricio, Agustín y Seba estudiaron en el Liceo Agrícola y  luego se recibieron de ingenieros agrónomos. Marcela es arquitecta.

¿Querés conocer más sobre Alma 4? Hacé click acá.

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